Ricard Terré fue un niño de la guerra. La guerra acostumbró a los niños españoles a los bombardeos, a la muerte de los seres queridos o los vecinos desconocidos, a la destrucción de las casas y al gusanillo constante del hambre. Fue aquella una escuela que le dejó una huella especial. La infancia fue su tema fotográfico por excelencia. No hay una serie que no tenga un niño, o un enjambre de niños. En la mirada de los niños que fotografiaba se puede observar la complicidad con el alma infantil. Las fotos ahondan en la mirada revelando los momentos duros de los que los ojos inocentes fueron testigos. A la vez, Ricard tuvo presente durante toda su vida la alegría y la capacidad de juego propios de la infancia, una capacidad especial para digerir la miseria y el dolor. Que no juzga, que no comprende, que se compadece.